Être fort pour être utile.

sábado, 28 de abril de 2012

Jamás

había pensado en los derechos de las mujeres hasta que se encontró en la biblioteca de la mansión donde servía, soltera y embarazada del conde y su antiguo jefe, último y único hombre que la había ''amado'', mientras el abogado del señor de la casa le exponía su situación real. Había amado a ese hombre con locura, y se había creído sus mentiras. Él seguiría con su cómoda vida rica, al lado de su mujer también embarazada, y ella iba a pasar los mejores años de su vida luchando por alimentar y criar al hijo del conde, pero el padre del bebé no tenía obligación ni iba a ayudarla en ningún sentido.
Su ira se había acrecentado aún más al buscar trabajo en Londres. Solo se podía acceder a un empleo si había sido rechazado previamente por un hombre, y en ese caso, le ofrecerían la mitad del salario de aquel o incluso menos. (..) La mayoría de mujeres que conocía, trabajaban doce horas diarias y además cuidaban de la casa y de los niños. Pese a estar mal alimentadas y explotadas en el trabajo, a pesar de vivir en chabolas y vestir harapos, les quedaba ánimo para cantar canciones, reír y amar a sus hijos.

En su opinión, una sola de esas mujeres tenía más derecho a voto que diez hombres juntos.
Y sin embargo, las mujeres quedaban fuera del sufragio.


2 comentarios: